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Contemplando el estado de Ser

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Contemplando el estado de Ser


A la hora de reflexionar sobre el silencio nuestra mente se queda perpleja, ya que se la indica que preste atención al silencio cuando precisamente la pedimos que reflexione sobre él.


¿Cómo saber qué es el silencio si para ello realizamos toda clase de ruidos en nuestra mente?


Se entiende que hacer silencio es dejar de tener en cuanta todo lo que hemos aprendido y creemos saber, toda nuestra actividad de pensar y razonar. Una situación similar a cuando nacemos e iniciamos nuestra vida, donde pareciera que lo olvidamos todo de manera que empezamos a aprender sobre lo que somos gracias a la intermediación de nuestro cuerpo y sus sentidos físicos.


Ese sentir que existimos y que somos algo lo asociamos a lo que reconocemos como nuestro cuerpo y todo lo que recibimos en nuestra interrelación en la sociedad.


De esta forma nos afianzamos en una idea de yo resultante de nuestra interacción con el exterior y nuestro sentir real de existir.


Nuestra necesidad de saber quien somos se satisface en base a ese mundo de relaciones, de transmisión cultural y demás


Nadie indica ser algo diferente a un ser humano, ya que así nos hemos despertado en esta realidad biológica.


Nuestra realidad interior “nace” en un cuerpo humano, se identifica y aprende sobre él y vivimos apegados a la identificación con el cuerpo. De esta manera tenemos una vida identificada con ser un ser humano en base a su naturaleza física.


En esta realidad corporal y humana, intentamos encontrar todo lo que deseamos a nivel interior.


Claramente esas necesidades son interiores, ya que surgen del interior y generalmente creemos carecer de lo que anhelamos a la vez que intentamos obtenerlo del exterior.


Añoramos una comunicación perfecta, donde te sientes conectado con otro ser en perfecto amor.


Por lo general, nuestros anhelos profundos no llegan a satisfacerse en la magnitud y perfección que anhelamos y si en un momento parece que lo alcancemos, por lo general, dura un tiempo finito.


Con las experiencias y los años, aceptaremos que en la vida humana nunca encontraremos lo que añoramos, especialmente los anhelos más primarios e íntimos.


Es como intentar calzarnos un calzado que nos aprieta e impide sentirnos cómodos.


Muchos nos damos cuenta de que ese ser interior es muy diferente a lo que alcanzamos a ser como seres humanos y por ello iniciamos el camino interior, donde buscamos reconocernos tal cual somos en el interior, que lo detectamos en el silencio de todo lo adquirido y la contemplación de lo que existe de forma continua en nuestro interior. El camino de identificar lo que sí somos inevitablemente.


Un conocimiento no generado por nuestra actividad mental, ni por la identificación generada a través de los fenómenos de la vida.


Para ello dejamos al margen todo lo aprendido, incluso a las enseñanzas más sublimes que hayamos adquirido de maestros o gurús.


La Verdad está por sí misma en nuestro interior, entre otras cosas porque lo que somos ya lo somos y no podemos ser otra cosa.


Todo lo exterior nos ofrece un reflejo de que existimos, pero ese reflejo siempre está fuera de nosotros, aunque temporalmente nos pueda servir, no somos eso.


Si prescindimos de todo, solo queda la verdad de lo que hay, uno mismo en real, existiendo sin más apoyo que uno mismo, el lugar donde hemos de reconocernos y abrazarnos al el ser que somos.


Es en ese sentido que hablamos de hacer silencio, es decir, no producir nada que inevitablemente nos separa de ser.


Entonces, nos preparamos para soltarlo todo, entrando en el vacío interior, para permitirnos reconocer lo que siempre está.


A veces, entrar en ese vacío nos puede aterrar, ya que la identidad que se generó de uno mismo se adhirió en base a traumas y conflictos y puede que nos asalte el recuerdo de todo ello.


Un anhelo más profundo nos salvará de ello, con la certeza de ...


continúa,....

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