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Page de couverture de Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 1.

Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 1.

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Relato – En otra vida (3a y última parte) | Poema – Huracán – Jorge Luis González | Reseña – Mis lecturas del 2025 | Frase robada – Laura Esquivel | Bonus track En otra vida (3a y última parte) leer el capítulo previo Estaban exhaustos, el calor del verano apenas les dio oportunidad de ponerse una sábana que les cubría la cintura. Dormidos sobre su costado él la abrazaba, a pesar de la diferencia de estatura y conformación de sus cuerpos; los años en él ya cobraban algunas facturas, y en ella la juventud engalanaba a sus genes; se encontraban muy cómodos, como si de esa forma durmieran cada noche. La recámara de Mónica daba cuenta de lo sucedido, sólo estaba la ropa interior de ambos, señal de que el resto se había ido perdiendo en el camino. Los cojines y las almohadas fueron los primeros en perecer, les estorbaban demasiado, en su afán de conocer cada esquina del colchón fueron cayendo estrepitosamente. El resultado, la cama con ellos dos abrazados y una catástrofe por todo el suelo. La luz a través de la ventana delataba dos cosas, la mañana ya estaba bastante avanzada, y el cansancio de una noche que se alargó hasta dónde les dieron las fuerzas y el deseo, los dejaron en medio de la habitación sin que absolutamente nada los sacará de su sueño. En algún momento de la madrugada Néstor se despertó a medias, tan solo para confirmar que ella seguía ahí, a su lado; y que el olor de su cuerpo con el de ella era inolvidable, le sorprendió la familiaridad y nostalgia de ese aroma. Mónica se dio la vuelta y él aprovechó el momento. -¿Quieres que te tape o busque tu pijama? -No, siento la piel hirviendo -le respondió apenas. -¿Te vas a dormir desnuda? -le preguntó Néstor al oído, y ella sólo asintió con la cabeza- bajo tu propio riesgo. Néstor observó el panorama, era idílico. Tomó una punta de la sábana y los cubrió parcialmente. -!Despiértate, por favor levántate Néstor! -Lo despertó Mónica, agitada y con voz angustiada. Néstor despertó sobresaltado y al verla sentada en un extremo de la cama, vestida con su camisa a modo de camisón, no entendía lo que estaba pasando. -Tuve una pesadilla horrible, estábamos tu y yo, y un bebe, un hijo supongo. Él la veía muy angustiada y en silencio asentía a lo que le contaba. -Yo también soñé algo parecido -Mónica lo miró sorprendida-, era un varón, un niño de brazos ¿cierto? Mónica no lo creía, al recordar el sueño los ojos se le humedecieron y lo confirmo con un sordo monosílabo. -Vivíamos en un cuarto, no podría decir que era una casa, cuatro paredes de tabique en bruto, una mesa de plástico con sillas, un trastero, la estufa, mi bicicleta con periódicos amarrados al portabultos, la cama y una cuna. Te gritaba que despertaras, por más que te sacudía apenas balbuceabas, hedías profundamente a vino. Vociferaba que el niño estaba muerto, lo veía azul con la piel marmórea y leche regurgitada en su boca. Insistía en que despertaras y lo lleváramos al doctor. Pero apenas me respondías que ya le habías dado su biberón. Lo destapaba y era leche mezclada con alcohol. Después me acercaba al estante al lado de la estufa y tomaba un cuchillo, estaba dispuesto a matarte y mientras caminaba hacia la cama me despertaste. Las lágrimas le escurrían por las mejillas a Mónica, mojando la camisa de Néstor. -Yo soñé algo parecido, el cuarto y el niño eran como los describes. Mis ropas, las del niño estaban viejas, sucias, roídas, eramos pobrísimos. El bebe no paraba de llorar, me veo en el sueño vaciándole al biberón una botella de licor, y cuando se queda dormido, yo le doy termino a la botella y me recuesto en la cama. Tus gritos en el sueño me despertaron. -Mónica ¿eres alcohólica? -le preguntó deseando no saber la respuesta. Mónica asintió bajando la cabeza entre sollozos. -Esto no nos puede volver a pasar -le dijo Mónica mirándolo a los ojos que se les llenaron de lágrimas. Ambos se levantaron de la cama, y recogieron sus ropas a lo largo del departamento, en silencio. -Creo que no nos volveremos a ver -le dijo Néstor mirando los pies desnudos de Mónica, con las puntas de los dedos levantadas. Tal como lo recordaba siempre. Ella le tomó la cabeza entre sus manos, le besó las lágrimas y le dijo al oído. -Siempre te voy a amar, también en otra vida. Néstor salió del edificio, se dirigió a la sala de conciertos para recoger su bicicleta y volver a casa. Huracán – Jorge Luis González Difícil saber quién desató la cuerda dispersa ya, entre los cuernos desgastados de ese toro de viento. Difícil saber si la mudez es sinónimo de muerte, o el germinar de un nuevo idioma, lengua devuelta al agua como un pescado que revive, de pronto, en la mesa. Difícil, porque esa misma cuerda la desató un día mi mano: echó a andar el trompo con la misma cadencia de la catástrofe. El gesto infantil de lanzar hacia la tierra una moneda, una roca, ...
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