TITO 2. VIVIR BAJO LA VOLUNTAD DE DIOS.
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VIVIR BAJO LA VOLUNTAD DE DIOS.
Tito 2:11 Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. 12 Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos. En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios, 13 mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso en que se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. 14 Él dio su vida para liberarnos de toda clase de pecado, para limpiarnos y para hacernos su propio pueblo, totalmente comprometidos a hacer buenas acciones. NTV .
La muerte de Jesucristo en el madero, trajo una nueva esperanza de vida para toda la humanidad que se encontraba enemistado con el eterno Creador, a causa de sus delitos y pecados. Está obra redentora del unigénito Hijo de Dios, liberó al hombre de la condenación eterna y le dió la posibilidad de una vida eterna en el reino de los cielos. Para acceder a esta libertad, el hombre debe abrazar el evangelio de Cristo, no solo de labios, sino de todo corazón. Está decisión de fe, se reflejará en su vida de comunión con su Señor y Salvador Cristo Jesús.
Tras su conversión, el redimido tiene una esperanza de vida eterna en el reino de Dios. Y mientras espera el cumplimiento de esta promesa, debe llevar una vida que manifieste que realmente ha sido transformado por el poder del evangelio de la cruz, tal como lo manifiesta el apóstol Pablo. En las palabras del apóstol, los creyentes encuentran un mapa completo de como deben llevar sus vidas en el camino de la salvación y vida eterna. Estás palabras no son una lista de reglas frías, sino la respuesta de amor a un regalo inmerecido. La obra redentora de Jesucristo, ese favor inmerecido, ha irrumpido en la historia de la humanidad. Su propósito no solo fue perdonar al pecador, sino transformarlo a su misma imagen de obediencia a la voluntad de Dios Padre.
La gracia, que ha sido revelada mediante el sacrificio de Cristo no solo ofrece salvación a todos los que abracen el evangelio, sino que también los instruye en el camino que deben transitar mientras esperan ser llevados a la morada celestial. La gracia enseña al creyente a decir no a los placeres de este mundo que deshonran a Dios y a la mentalidad pasajera de este mundo. No ceder a los impulsos de la vieja naturaleza carnal de pecado, no se trata de un simple esfuerzo humano, sino del poder del Espíritu Santo obrando en quien ha sido tocado por el amor de Cristo.
Toda persona que verdaderamente a sido tocado por la gracia divina, manifiesta una transformación caracterizada por llevar una vida con sabiduría, discerniendo entre lo eterno y lo temporal, de igual manera manifiesta la justicia en su trato con los demás y la devoción a Dios en una relación íntima y constante. Pero esta vida no está anclada solo al presente. El cristiano vive con la mirada fija en el horizonte, anhelando con esperanza el día glorioso del regreso de Jesús. Esta esperanza no es una ilusión pasiva; es una certeza activa que purifica y da propósito. Por eso, la verdadera medida de la fe del redimido no es lo que dice creer en lo que dice el evangelio revelado de Dios, sino cómo aplica en su vida ese conocimiento revelado. La verdadera medida de la gracia divina no es lo que se entiende teológicamente, sino cómo transforma la vida del creyente. La verdadera medida de la salvación no es si ha sido perdonados todos sus pecados, sino si perdona a otros todas sus ofensas.
Queridos hermanos. La gracia revelada es una invitación a vivir diferente. Es una invitación a amar como Dios ama, a perdonar como Dios perdona, a servir como Dios sirve, a esperar como Dios espera. Cuando respondemos a esta invitación, cuando permitimos que la gracia nos transforme, cuando nos comprometemos con la justicia y el amor, entonces experimentamos la vida verdadera. No una vida fácil, sino una vida significativa. No una vida sin sufrimiento, sino una vida con propósito.