Épisodes

  • Llamados, elegidos y santos
    Jan 16 2026

    El Dios soberano ha redimido por su sola gracia a un pueblo; eligiendo según su beneplácito y autoridad a quienes él quiso; no por obras ni por méritos, sino misericordiosamente por los méritos de Cristo; justificándoles y adoptándoles en unión con el Unigénito de Dios; para alabanza de la gloria de su gracia. Pero ¿Cómo es evidente esa elección y llamamiento? ¿Cuál es la señal de aquellos llamados y elegidos? Pues bien, la fidelidad es esa señal – los redimidos de Cristo se mantendrán creciendo, avanzando y luchando contra el pecado, en oposición al mundo y en obediencia a Cristo. Los que son llamados y elegidos, serán por tanto fieles.

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  • Único DIGNO de honor y gloria
    Jan 14 2026

    Cristo, el Hijo eterno hecho carne, se nos presenta en las Escrituras como el único absolutamente digno de todo lo que el corazón humano puede y debe rendir. A Él le corresponde el temor santo; asombro reverente y sumisión sin reservas - ante Aquel que “tiene las llaves de la muerte y del Hades” (Ap. 1:18); a él debemos toda reverencia, porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Col. 2:9); a él hemos de entregar toda nuestra confianza, ya que “el que no escatimó ni a su propio Hijo” jamás nos fallará en sus promesas (Ro. 8:32); solo a él debemos todo sometimiento, porque Dios lo exaltó hasta lo sumo y “toda rodilla se doblará” delante de su señorío (Fil. 2:9–11); y él ha de ser el objeto de nuestro aprecio, pues Él es el tesoro escondido por el cual vale la pena perderlo todo y, en realidad, no perder nada (Mt. 13:44). “Cristo no es valorado hasta que es valorado sobre todo”. Por eso, nuestra devoción no se reparte ni se negocia; se rinde, se postra y descansa únicamente en Él, el Cordero que fue inmolado y que vive para siempre, digno de temor, reverencia, confianza, sometimiento y amor sin reservas.

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  • El único REY supremo
    Dec 23 2025

    Belén no fue un accidente, ni un evento improvisado - sino el escenario soberano donde la majestad eterna se vistió de carne sin dejar de ser Dios. Allí, el Altísimo aprendió a balbucear sin perder su autoridad sobre los cielos; allí, el Señor de los ejércitos fue contado entre los pobres para rescatar a los pecadores. En la sencillez de su cuna, Cristo nos revela la inmensidad de Su gracia”.

    El mundo busca reyes con coronas de oro; Dios nos dio un Rey con corona de espinas. Y ese Rey supremo vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mt 1:21). Navidad es la proclamación de que el Rey ha llegado, y su reino avanza por la gracia que redime y gobierna para siempre.


    “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro” (Is 9:6).

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  • El único CAMINO a Dios
    Dec 23 2025

    Adviento es tiempo de espera, de anhelo y de esperanza silenciosa. El corazón humano, aun sin saberlo, busca regresar a casa. Muchos suponen que cualquier sendero espiritual conduce a Dios, como si la eternidad fuera un lugar al que se llega por intuición o buena voluntad. Pero la Escritura nos habla con una claridad serena y consoladora.


    Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Esta es una palabra misericordiosa, que nos anima a tomar este único camino, sabiendo que es seguro y suficiente. Dios no dejó a la humanidad perdida en la oscuridad del pecado, ni nos pidió que encontráramos el rumbo por nuestras propias fuerzas. En su amor, Él mismo vino a buscarnos. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito” (Juan 3:16).

    La Navidad es la noticia de que el cielo se abrió y el Camino descendió. El Hijo eterno tomó carne para llevarnos al Padre, para restaurar la comunión rota y para introducirnos en su Reino de gracia. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

    No llegamos a Dios por méritos, ritos o esfuerzos religiosos. Llegamos por Cristo, por su encarnación humilde, por su cruz redentora y por su victoria en la resurrección.

    Adviento nos recuerda que volver a casa es posible - El camino de vuelta a Dios está abierto. En el Niño del pesebre, Dios nos ofrece perdón, vida y comunión eterna. No hay otro camino, pero hay uno suficiente. Y ese Camino tiene nombre: Jesucristo, el Señor.

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  • El único HIJO de Dios
    Dec 21 2025

    Cuando Juan confiesa que Cristo es el “Hijo unigénito” (Jn 1:14, 18), no está diciendo que Dios no tenga más hijos, sino que no tiene otro como Él.

    Porque, sí: Dios tiene muchos hijos. A los que creen, “les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12). Somos hijos por adopción, no por naturaleza. Hijos por gracia, no por esencia. Hijos hechos, no Hijo eterno. Y ahí está el punto que incomoda al orgullo religioso y al sentimentalismo teológico.

    Jesús es único en dignidad: “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia” (Heb 1:3).
    Único en perfección: “santo, inocente, sin mancha” (Heb 7:26).
    Único en grandeza: “para que en todo tenga la preeminencia” (Col 1:18).

    Y, sobre todo, único en su oficio. Ningún redimido media; ninguno redime. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim 2:5). Él no comparte ese cargo; no tiene suplentes ni aprendices. “No hay otro nombre bajo el cielo… en que podamos ser salvos” (Hch 4:12).

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  • En espera del segundo ADVIENTO
    Dec 3 2025

    EN ESPERA DE UN SEGUNDO ADVIENTO

    “He aquí vengo pronto…” (Ap 22:12)

    La primera venida del Señor fue silenciosa, envuelta en pañales y recostada en un pesebre. La segunda no tendrá nada de silenciosa. Y gracias a Dios por ello. El mundo —con toda su fanfarronería secular— necesita un Rey que ponga las cosas en su sitio. Y la Iglesia —con toda su debilidad peregrina— anhela al Pastor que enjuga lágrimas, corrige al soberbio y afirma al humilde. El Adviento nos recuerda que Cristo vendrá otra vez. No “quizá”, no “si el mundo mejora”, no “si la humanidad está lista”. Vendrá porque lo prometió. Y cuando Él promete, cumple.


    CRISTO VOLVERÁ COMO REY VICTORIOSO

    “El Señor mismo… descenderá del cielo” (1 Ts 4:16). No es metáfora, ni poesía; es la certeza que sostiene a los santos. El Cordero que una vez fue desechado volverá como León. Su corona ya no será de espinas, sino de gloria. Los poderes que hoy se burlan de la verdad quedarán mudos ante su aparición. Como dijo Agustín, “el mismo Juez que fue juzgado volverá para juzgar”. Y sí, muchos tiemblan al pensar en ese día; los creyentes, en cambio, lo esperan como quien espera al ser amado que ha partido por un tiempo.

    El segundo Adviento no es el “final del mundo” como lo pinta Hollywood, sino el inicio del mundo que Dios siempre prometió. Es la irrupción gloriosa del Rey que viene a terminar su obra. Y aunque el secularismo trate de convencernos de que la historia se mueve sin rumbo, la Iglesia sabe que la historia tiene dirección, propósito y destino: Cristo sumará todas las cosas en Él (Ef 1:10).


    LA CREACIÓN SERÁ LIBERADA DE CORRUPCIÓN

    Pablo nos recuerda que “la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción” (Ro 8:21). Eso significa que la naturaleza —esa misma que gime bajo terremotos, enfermedades, maldad y muerte— será transformada. No habrá más cardos ni espinas, ni la sombra de la muerte rondando cada rincón del mundo creado. Por fin veremos lo que debía ser desde el principio: una creación que canta al Creador sin disonancias ni fracturas.

    El humanismo secular sueña con “salvar el planeta”, pero no puede salvarse ni a sí mismo. Cristo, en cambio, no solo salvará a su pueblo: restaurará el escenario entero donde su pueblo vivirá. No es un “escape al cielo”, sino un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21:1). La redención no es un plan de rescate improvisado; es el plan eterno donde Dios recupera lo suyo, rehace lo roto y embellece lo que siempre fue bueno.


    HABRÁ GOZO ETERNO Y ALIVIO EN CRISTO

    Juan oye al Señor declarar: “He aquí, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21:5). No algunas, no la mayoría, sino todas. Y en ese todo estamos nosotros. El Adviento nos empuja a mirar más allá de nuestros cansancios, dolores, pérdidas y frustraciones. No porque debamos ignorarlos, sino porque Cristo los sanará definitivamente.

    No habrá más duelo, ni clamor, ni dolor (Ap 21:4). La tristeza dejará de ser compañera de vida. El pecado dejará de sabotear nuestros mejores deseos. La muerte dejará de reírse de nosotros. Y el gozo no será un relámpago pasajero, sino un sol permanente.

    La promesa es clara: estaremos “siempre con el Señor” (1 Ts 4:17). Esa es la dicha eterna. No la eternidad en abstracto, sino la eternidad con Él. Ningún filósofo antiguo ni moderno ha logrado construir una esperanza más sólida. Ningún sistema secular ha podido ofrecer una alegría que no se desvanezca. Cristo sí. Él no da placebos emocionales, da vida verdadera.


    Y así, mientras esperamos, vivimos EN CRISTO - no con ansiedad desordenada, sino con la expectación de quienes conocen el final de la historia. Somos como peregrinos que oyen, desde lejos, la voz del Maestro diciendo: “He aquí vengo pronto…”. Y nosotros respondemos: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap 22:20).

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  • El día final en siete tomas
    Nov 26 2025

    ¿Sabías que Apocalipsis nos narra el día final desde siete perspectivas?

    Es como si se hubiera grabado el día final desde siete cámaras; siendo cada una, un ángulo distinto del mismo evento - para unos será glorioso, para otros será espantoso; para Cristo será victoria, para el dragón será derrota - para los redimidos será reposo, para los no arrepentidos será tormento ¿Desde qué ángulo serás testigo del día final?

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    42 min
  • El bebé que venció al dragón
    Nov 21 2025

    Hay escenas en la Escritura que destilan poesía, guerra y evangelio al mismo tiempo. Apocalipsis 12 es una de ellas. Allí vemos a una mujer luminosa, un dragón sediento de sangre y un niño que, para sorpresa del infierno entero, derrota sin espada, sin ejército y sin ruido… simplemente naciendo. El dragón esperaba un combate; Dios envió un bebé. Así es como el Señor suele humillar las arrogancias cósmicas: con ternura que desarma tiranos, con debilidad que pulveriza imperios, con vida que cancela la muerte.

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    25 min
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