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Meditación Libre

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Auteur(s): Meditación Libre
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Me he planteado utilizar esta plataforma para compartir lo que la visión interna de mí mismo me indica que es verdadero, con la intención de resonar contigo y lograr ser más libres para ayudar a que nuestras almas se impulsen verdaderamente desde su vocación interna y logren expresarse en la vida humana desde lo real. Para ello, voy a realizar videos de dos tipos: - Propuestas meditativas - Desarrollo de temáticasMeditación Libre Spiritualité
Épisodes
  • Reconocer y mantener la sensación de Ser
    Jan 6 2026

    Reconocer y mantener la sensación de Ser


    Hay ocasiones en que nos juntamos con muchas personas para compartir un evento y, que este alcanza un nivel de interiorización consciente notable que a su vez percibimos que se ha tratado de una experiencia colectiva.


    Esa toma de consciencia interior, que se percibe como muy real, del mismo modo, se percibe que ha sido experimentada junto con los demás.


    Estas experiencias nos muestran con claridad que se podría vivir de otra forma, basada en esta atención a nuestro interior y al ser interior de los demás.


    No nos queda ninguna duda de que podríamos transitar una vida muy diferente a la habitual, basada en esa presencia reencontrada entre todos.


    Si en esos momentos nos preguntamos ¿cómo quisiera vivir, si inmerso en lo humano o estar presentes desde el interior? Seguramente quisiéramos mantenernos en el hecho de ser una realidad interior, y lo que la vida podría llegar a ser, experimentada de esa forma.


    No se trata de una forma de vida dónde siempre necesitamos alcanzar algo mejor o que nos falta, ya que descubrimos que todo ello lo hacemos porque no sentimos nuestro interior y lo pretendemos obtener fuera.


    La sensación de sentirse dentro y saber que en nuestro interior tenemos lo que buscamos nos saca por completo de las inercias automáticas de la vida humana y nos procura satisfacción, relajo y tranquilidad y sobre todo, un entendimiento superior, muy por encima del trajín de la mente para solventar carencias.


    Mientras estamos en esa lucidez, quisiéramos permanecer en ella y muy pronto nuestra memoria y nuestra mente identitaria nos indica, ¿cómo podría y mantener ese estado después, mañana o en adelante?


    La vida cotidiana y toda la información que nos llega por tantos medios, cada vez más impactantes e intranquilizantes, nos sacan de ese estado automáticamente y volvemos a estar atrapados en la vorágine de la vida.


    Vemos que la vida cada vez nos atrapa más, el miedo, la inseguridad, las crisis, las luchas hasta que nos demos cuenta de que todo ello, siempre estará, forma parte de la vida y pasará.


    ¿Por qué prestar tanta atención a algo externo que siempre pasa y que a su vez, nos impide sentir nuestro interior y vivir desde lo real y permanente?


    Lo peor que nos puede pasar es la muerte y esta sucederá en su momento. ¿Por qué no amar cada momento en que vivimos como una experiencia irrepetible sin despistarnos en objetos externos?


    Ese juego de perder nuestro contacto interior lo podemos observar detenidamente, ver como se produce y que es lo que atrapa nuestra atención y nos hace desplazarnos hacia los sucesos externos que activan las emociones, las memorias y los miedos.


    Observando este proceso de desconectarnos y quedar atrapados vemos que hay una intervención directa por nuestra parte y es tan sencilla de reconocer, como de observar.


    Uno mismos desplaza la atención, que antes estaba completamente en uno mismo, para trasladarla ascendiendo hasta nuestra cabeza generando pensamientos y elaborando planes y acciones.


    Nuestra atención ha dejado de estar percibiéndonos directamente para trasladarse a la máquina de pensar.


    Un suceso externo nos llega y es percibido, nuestra atención se dispara hacia el suceso, toda nuestra mente interpretativa, nuestras memorias relacionadas, todo es concentración hacia el suceso.


    Cuando se trata de cuestiones mantenidas, como el miedo a la guerra, el desamor, etc, podemos estar atrapados en ese mar emocional, en esa preocupación o en esa dolencia durante mucho tiempo. “Tenemos toda la razón para ello”, pero, estamos capturados en esa situación y nuestro interior ha desaparecido. No tenemos el más mínimo control sobre ello y lo sostenemos como si fuese la única realidad.


    Afortunadamente, ocurren nuevos sucesos que nos sacan de ese estado para meternos en otros, en una cadena interminable donde el factor común es: “no vivimos realmente, somos vividos”.


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    17 min
  • Más allá del silencio estás tú
    Dec 29 2025

    Más allá del silencio estás tú


    Es frecuente que las personas que meditamos tengamos dificultades a la hora de intentar llegar al silencio manifestando la imposibilidad de llegar a él.


    Los pensamientos son realmente alimentados desde nuestro interior, no pueden existir sin energía, sin sustento.


    Es el hábito generado desde nuestro nacimiento de proyectar nuestra atención en la idea de yo generada y esta solo se sostiene en el pensamiento, ya que es completamente efímero y se sostiene únicamente porque nuestra atención persigue una identidad artificial y circunstancial.


    En muchos casos se podría decir que si dejamos de pensar desaparece nuestra identidad o idea de yo, de ser algo reconocido primero por los demás y después aceptado por uno mismo como nuestra identidad.


    ¿Cómo hacer silencio sin desaparecer?


    La respuesta directa y sencilla sería: lo que desaparece es el pensamiento de ser algo, para que quede lo que no necesita ser pensado.


    Cuando algo nos llama la atención más que el hecho de pensar, entonces deja de fluir nuestra energía hacia la generación de pensamientos y ese objeto captura nuestra atención.


    Podría ser el olor de una rosa, que aspiramos con plena a atención, ya que sabemos que su olor será muy agradable y esperamos ese refuerzo.


    Utilizar una visualización de ese tipo, nos puede ayudar a comprender porque se generan los pensamientos. Son como un entretenimiento entre suceso y suceso, como un rellénate huecos vacíos en nuestro tiempo de vida.


    Aun no pensando y disfrutando del olor de la rosa, vemos igualmente que es otra forma de pensar, de tener nuestra atención dedicada en algo externo.


    De ese modo, podemos optar por un descubrimiento interesante, podemos dejar de prestar atención a cualquier distracción, ya sea pensar, mirar un amanecer, oler la rosa o cualquier otro, ya que pertenecen a la naturaleza exterior de la realidad física.


    Si en vez de ello, llevamos esa atención, esa energía de reconocimiento al ser que existe en nosotros, nos encontraríamos de bruces con la realidad que somos.


    Se encendería un reconocimiento inesperado, por incurable, pasaríamos a un estado de plenitud.


    Quizás no seamos capaces de realizar ese hecho, quizás por falta de fe o de crédito en uno mismo, pero si es posible que tengamos un atisbo en nuestro interior que puede ser ya nuestro punto de atención para anclarnos en ello, para que sea algo que despierta nuestro interés en mayor medida que pensar, que viajar, que movernos, que oler una rosa.


    Los pensamientos son en realidad acciones en nuestra mente. Podemos pararlos del mismos modo que nos quedamos quietos para meditar o dormir.


    Un pensamiento puede llevar pareja una emoción, un acto, o no llevarlo en absoluto. Es muy interesante observar si nuestras experiencias se basan en pensamientos, en el acto de pensar, pues hasta las vivencias más inspiradas pueden experimentarse en el pensamiento, lo que las hace efímeras de hecho.


    Lo que es común a toda la experiencia es la energía que utilizamos que procede desde nuestra fuente que está situada en el fondo del existir, nuestra base, nuestra Verdad.


    Creemos que somos lo que pensamos, lo que hacemos, pero para todo ello necesitamos la energía del existir, la que nos aporta el Ser en el interior.


    Puede ser muy interesante observar con atención cómo se genera la intención de realizar un acto, desde el impulso interior, generalmente impulsado por nuestro anhelo de perfeccionadores y de un mejor estado, hasta las acciones y movimientos que realizamos para conseguirlo.


    Cuanto más largo es el recorrido desde el interior al acto exterior, más lejos estamos de lo real.


    El ejemplo de querer manifestar aprecio y amor, nace desde nuestro interior real para irse desplazando hacia el exterior para poder manifestarlo a quien nos acompaña, buscamos las mejores palabras, la expresión corporal correcta, con la intención de que sea interpretado de ese modo por la otra persona.



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    15 min
  • Contemplando el estado de Ser
    Dec 27 2025

    Contemplando el estado de Ser


    A la hora de reflexionar sobre el silencio nuestra mente se queda perpleja, ya que se la indica que preste atención al silencio cuando precisamente la pedimos que reflexione sobre él.


    ¿Cómo saber qué es el silencio si para ello realizamos toda clase de ruidos en nuestra mente?


    Se entiende que hacer silencio es dejar de tener en cuanta todo lo que hemos aprendido y creemos saber, toda nuestra actividad de pensar y razonar. Una situación similar a cuando nacemos e iniciamos nuestra vida, donde pareciera que lo olvidamos todo de manera que empezamos a aprender sobre lo que somos gracias a la intermediación de nuestro cuerpo y sus sentidos físicos.


    Ese sentir que existimos y que somos algo lo asociamos a lo que reconocemos como nuestro cuerpo y todo lo que recibimos en nuestra interrelación en la sociedad.


    De esta forma nos afianzamos en una idea de yo resultante de nuestra interacción con el exterior y nuestro sentir real de existir.


    Nuestra necesidad de saber quien somos se satisface en base a ese mundo de relaciones, de transmisión cultural y demás


    Nadie indica ser algo diferente a un ser humano, ya que así nos hemos despertado en esta realidad biológica.


    Nuestra realidad interior “nace” en un cuerpo humano, se identifica y aprende sobre él y vivimos apegados a la identificación con el cuerpo. De esta manera tenemos una vida identificada con ser un ser humano en base a su naturaleza física.


    En esta realidad corporal y humana, intentamos encontrar todo lo que deseamos a nivel interior.


    Claramente esas necesidades son interiores, ya que surgen del interior y generalmente creemos carecer de lo que anhelamos a la vez que intentamos obtenerlo del exterior.


    Añoramos una comunicación perfecta, donde te sientes conectado con otro ser en perfecto amor.


    Por lo general, nuestros anhelos profundos no llegan a satisfacerse en la magnitud y perfección que anhelamos y si en un momento parece que lo alcancemos, por lo general, dura un tiempo finito.


    Con las experiencias y los años, aceptaremos que en la vida humana nunca encontraremos lo que añoramos, especialmente los anhelos más primarios e íntimos.


    Es como intentar calzarnos un calzado que nos aprieta e impide sentirnos cómodos.


    Muchos nos damos cuenta de que ese ser interior es muy diferente a lo que alcanzamos a ser como seres humanos y por ello iniciamos el camino interior, donde buscamos reconocernos tal cual somos en el interior, que lo detectamos en el silencio de todo lo adquirido y la contemplación de lo que existe de forma continua en nuestro interior. El camino de identificar lo que sí somos inevitablemente.


    Un conocimiento no generado por nuestra actividad mental, ni por la identificación generada a través de los fenómenos de la vida.


    Para ello dejamos al margen todo lo aprendido, incluso a las enseñanzas más sublimes que hayamos adquirido de maestros o gurús.


    La Verdad está por sí misma en nuestro interior, entre otras cosas porque lo que somos ya lo somos y no podemos ser otra cosa.


    Todo lo exterior nos ofrece un reflejo de que existimos, pero ese reflejo siempre está fuera de nosotros, aunque temporalmente nos pueda servir, no somos eso.


    Si prescindimos de todo, solo queda la verdad de lo que hay, uno mismo en real, existiendo sin más apoyo que uno mismo, el lugar donde hemos de reconocernos y abrazarnos al el ser que somos.


    Es en ese sentido que hablamos de hacer silencio, es decir, no producir nada que inevitablemente nos separa de ser.


    Entonces, nos preparamos para soltarlo todo, entrando en el vacío interior, para permitirnos reconocer lo que siempre está.


    A veces, entrar en ese vacío nos puede aterrar, ya que la identidad que se generó de uno mismo se adhirió en base a traumas y conflictos y puede que nos asalte el recuerdo de todo ello.


    Un anhelo más profundo nos salvará de ello, con la certeza de ...


    continúa,....

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    18 min
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