Épisodes

  • Reconocer y mantener la sensación de Ser
    Jan 6 2026

    Reconocer y mantener la sensación de Ser


    Hay ocasiones en que nos juntamos con muchas personas para compartir un evento y, que este alcanza un nivel de interiorización consciente notable que a su vez percibimos que se ha tratado de una experiencia colectiva.


    Esa toma de consciencia interior, que se percibe como muy real, del mismo modo, se percibe que ha sido experimentada junto con los demás.


    Estas experiencias nos muestran con claridad que se podría vivir de otra forma, basada en esta atención a nuestro interior y al ser interior de los demás.


    No nos queda ninguna duda de que podríamos transitar una vida muy diferente a la habitual, basada en esa presencia reencontrada entre todos.


    Si en esos momentos nos preguntamos ¿cómo quisiera vivir, si inmerso en lo humano o estar presentes desde el interior? Seguramente quisiéramos mantenernos en el hecho de ser una realidad interior, y lo que la vida podría llegar a ser, experimentada de esa forma.


    No se trata de una forma de vida dónde siempre necesitamos alcanzar algo mejor o que nos falta, ya que descubrimos que todo ello lo hacemos porque no sentimos nuestro interior y lo pretendemos obtener fuera.


    La sensación de sentirse dentro y saber que en nuestro interior tenemos lo que buscamos nos saca por completo de las inercias automáticas de la vida humana y nos procura satisfacción, relajo y tranquilidad y sobre todo, un entendimiento superior, muy por encima del trajín de la mente para solventar carencias.


    Mientras estamos en esa lucidez, quisiéramos permanecer en ella y muy pronto nuestra memoria y nuestra mente identitaria nos indica, ¿cómo podría y mantener ese estado después, mañana o en adelante?


    La vida cotidiana y toda la información que nos llega por tantos medios, cada vez más impactantes e intranquilizantes, nos sacan de ese estado automáticamente y volvemos a estar atrapados en la vorágine de la vida.


    Vemos que la vida cada vez nos atrapa más, el miedo, la inseguridad, las crisis, las luchas hasta que nos demos cuenta de que todo ello, siempre estará, forma parte de la vida y pasará.


    ¿Por qué prestar tanta atención a algo externo que siempre pasa y que a su vez, nos impide sentir nuestro interior y vivir desde lo real y permanente?


    Lo peor que nos puede pasar es la muerte y esta sucederá en su momento. ¿Por qué no amar cada momento en que vivimos como una experiencia irrepetible sin despistarnos en objetos externos?


    Ese juego de perder nuestro contacto interior lo podemos observar detenidamente, ver como se produce y que es lo que atrapa nuestra atención y nos hace desplazarnos hacia los sucesos externos que activan las emociones, las memorias y los miedos.


    Observando este proceso de desconectarnos y quedar atrapados vemos que hay una intervención directa por nuestra parte y es tan sencilla de reconocer, como de observar.


    Uno mismos desplaza la atención, que antes estaba completamente en uno mismo, para trasladarla ascendiendo hasta nuestra cabeza generando pensamientos y elaborando planes y acciones.


    Nuestra atención ha dejado de estar percibiéndonos directamente para trasladarse a la máquina de pensar.


    Un suceso externo nos llega y es percibido, nuestra atención se dispara hacia el suceso, toda nuestra mente interpretativa, nuestras memorias relacionadas, todo es concentración hacia el suceso.


    Cuando se trata de cuestiones mantenidas, como el miedo a la guerra, el desamor, etc, podemos estar atrapados en ese mar emocional, en esa preocupación o en esa dolencia durante mucho tiempo. “Tenemos toda la razón para ello”, pero, estamos capturados en esa situación y nuestro interior ha desaparecido. No tenemos el más mínimo control sobre ello y lo sostenemos como si fuese la única realidad.


    Afortunadamente, ocurren nuevos sucesos que nos sacan de ese estado para meternos en otros, en una cadena interminable donde el factor común es: “no vivimos realmente, somos vividos”.


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    17 min
  • Más allá del silencio estás tú
    Dec 29 2025

    Más allá del silencio estás tú


    Es frecuente que las personas que meditamos tengamos dificultades a la hora de intentar llegar al silencio manifestando la imposibilidad de llegar a él.


    Los pensamientos son realmente alimentados desde nuestro interior, no pueden existir sin energía, sin sustento.


    Es el hábito generado desde nuestro nacimiento de proyectar nuestra atención en la idea de yo generada y esta solo se sostiene en el pensamiento, ya que es completamente efímero y se sostiene únicamente porque nuestra atención persigue una identidad artificial y circunstancial.


    En muchos casos se podría decir que si dejamos de pensar desaparece nuestra identidad o idea de yo, de ser algo reconocido primero por los demás y después aceptado por uno mismo como nuestra identidad.


    ¿Cómo hacer silencio sin desaparecer?


    La respuesta directa y sencilla sería: lo que desaparece es el pensamiento de ser algo, para que quede lo que no necesita ser pensado.


    Cuando algo nos llama la atención más que el hecho de pensar, entonces deja de fluir nuestra energía hacia la generación de pensamientos y ese objeto captura nuestra atención.


    Podría ser el olor de una rosa, que aspiramos con plena a atención, ya que sabemos que su olor será muy agradable y esperamos ese refuerzo.


    Utilizar una visualización de ese tipo, nos puede ayudar a comprender porque se generan los pensamientos. Son como un entretenimiento entre suceso y suceso, como un rellénate huecos vacíos en nuestro tiempo de vida.


    Aun no pensando y disfrutando del olor de la rosa, vemos igualmente que es otra forma de pensar, de tener nuestra atención dedicada en algo externo.


    De ese modo, podemos optar por un descubrimiento interesante, podemos dejar de prestar atención a cualquier distracción, ya sea pensar, mirar un amanecer, oler la rosa o cualquier otro, ya que pertenecen a la naturaleza exterior de la realidad física.


    Si en vez de ello, llevamos esa atención, esa energía de reconocimiento al ser que existe en nosotros, nos encontraríamos de bruces con la realidad que somos.


    Se encendería un reconocimiento inesperado, por incurable, pasaríamos a un estado de plenitud.


    Quizás no seamos capaces de realizar ese hecho, quizás por falta de fe o de crédito en uno mismo, pero si es posible que tengamos un atisbo en nuestro interior que puede ser ya nuestro punto de atención para anclarnos en ello, para que sea algo que despierta nuestro interés en mayor medida que pensar, que viajar, que movernos, que oler una rosa.


    Los pensamientos son en realidad acciones en nuestra mente. Podemos pararlos del mismos modo que nos quedamos quietos para meditar o dormir.


    Un pensamiento puede llevar pareja una emoción, un acto, o no llevarlo en absoluto. Es muy interesante observar si nuestras experiencias se basan en pensamientos, en el acto de pensar, pues hasta las vivencias más inspiradas pueden experimentarse en el pensamiento, lo que las hace efímeras de hecho.


    Lo que es común a toda la experiencia es la energía que utilizamos que procede desde nuestra fuente que está situada en el fondo del existir, nuestra base, nuestra Verdad.


    Creemos que somos lo que pensamos, lo que hacemos, pero para todo ello necesitamos la energía del existir, la que nos aporta el Ser en el interior.


    Puede ser muy interesante observar con atención cómo se genera la intención de realizar un acto, desde el impulso interior, generalmente impulsado por nuestro anhelo de perfeccionadores y de un mejor estado, hasta las acciones y movimientos que realizamos para conseguirlo.


    Cuanto más largo es el recorrido desde el interior al acto exterior, más lejos estamos de lo real.


    El ejemplo de querer manifestar aprecio y amor, nace desde nuestro interior real para irse desplazando hacia el exterior para poder manifestarlo a quien nos acompaña, buscamos las mejores palabras, la expresión corporal correcta, con la intención de que sea interpretado de ese modo por la otra persona.



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    15 min
  • Contemplando el estado de Ser
    Dec 27 2025

    Contemplando el estado de Ser


    A la hora de reflexionar sobre el silencio nuestra mente se queda perpleja, ya que se la indica que preste atención al silencio cuando precisamente la pedimos que reflexione sobre él.


    ¿Cómo saber qué es el silencio si para ello realizamos toda clase de ruidos en nuestra mente?


    Se entiende que hacer silencio es dejar de tener en cuanta todo lo que hemos aprendido y creemos saber, toda nuestra actividad de pensar y razonar. Una situación similar a cuando nacemos e iniciamos nuestra vida, donde pareciera que lo olvidamos todo de manera que empezamos a aprender sobre lo que somos gracias a la intermediación de nuestro cuerpo y sus sentidos físicos.


    Ese sentir que existimos y que somos algo lo asociamos a lo que reconocemos como nuestro cuerpo y todo lo que recibimos en nuestra interrelación en la sociedad.


    De esta forma nos afianzamos en una idea de yo resultante de nuestra interacción con el exterior y nuestro sentir real de existir.


    Nuestra necesidad de saber quien somos se satisface en base a ese mundo de relaciones, de transmisión cultural y demás


    Nadie indica ser algo diferente a un ser humano, ya que así nos hemos despertado en esta realidad biológica.


    Nuestra realidad interior “nace” en un cuerpo humano, se identifica y aprende sobre él y vivimos apegados a la identificación con el cuerpo. De esta manera tenemos una vida identificada con ser un ser humano en base a su naturaleza física.


    En esta realidad corporal y humana, intentamos encontrar todo lo que deseamos a nivel interior.


    Claramente esas necesidades son interiores, ya que surgen del interior y generalmente creemos carecer de lo que anhelamos a la vez que intentamos obtenerlo del exterior.


    Añoramos una comunicación perfecta, donde te sientes conectado con otro ser en perfecto amor.


    Por lo general, nuestros anhelos profundos no llegan a satisfacerse en la magnitud y perfección que anhelamos y si en un momento parece que lo alcancemos, por lo general, dura un tiempo finito.


    Con las experiencias y los años, aceptaremos que en la vida humana nunca encontraremos lo que añoramos, especialmente los anhelos más primarios e íntimos.


    Es como intentar calzarnos un calzado que nos aprieta e impide sentirnos cómodos.


    Muchos nos damos cuenta de que ese ser interior es muy diferente a lo que alcanzamos a ser como seres humanos y por ello iniciamos el camino interior, donde buscamos reconocernos tal cual somos en el interior, que lo detectamos en el silencio de todo lo adquirido y la contemplación de lo que existe de forma continua en nuestro interior. El camino de identificar lo que sí somos inevitablemente.


    Un conocimiento no generado por nuestra actividad mental, ni por la identificación generada a través de los fenómenos de la vida.


    Para ello dejamos al margen todo lo aprendido, incluso a las enseñanzas más sublimes que hayamos adquirido de maestros o gurús.


    La Verdad está por sí misma en nuestro interior, entre otras cosas porque lo que somos ya lo somos y no podemos ser otra cosa.


    Todo lo exterior nos ofrece un reflejo de que existimos, pero ese reflejo siempre está fuera de nosotros, aunque temporalmente nos pueda servir, no somos eso.


    Si prescindimos de todo, solo queda la verdad de lo que hay, uno mismo en real, existiendo sin más apoyo que uno mismo, el lugar donde hemos de reconocernos y abrazarnos al el ser que somos.


    Es en ese sentido que hablamos de hacer silencio, es decir, no producir nada que inevitablemente nos separa de ser.


    Entonces, nos preparamos para soltarlo todo, entrando en el vacío interior, para permitirnos reconocer lo que siempre está.


    A veces, entrar en ese vacío nos puede aterrar, ya que la identidad que se generó de uno mismo se adhirió en base a traumas y conflictos y puede que nos asalte el recuerdo de todo ello.


    Un anhelo más profundo nos salvará de ello, con la certeza de ...


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  • Resonando desde el interior
    Dec 26 2025

    Resonando desde el interior


    Cada vez más personas comprendemos que la naturaleza humana no alcanza a satisfacer lo que nuestro realidad interior nos demanda de manera que nos vamos apartando cada vez más de apegarnos a ella.


    Cada vez más personas reconocemos nuestra frustración interior debido a ello y dejamos de valorar los resultados aparentes, para buscar lo que verdaderamente tiene que ver con uno mismo y el ámbito en el que sí podemos estar en paz.


    Entonces, nos buscamos unos a otros, redefiniendo nuestro camino, con la esperanza de reconocernos en los demás, de comprobar que no somos los únicos que desconectamos de la marea humana, para llegar a la calma y el saber estar.


    Cuando logramos compartir esa tendencia interior con los demás se establece un vínculo desde nuestro interior.


    Si uno mismo adquiere el compromiso de buscar lo real y a su vez espera compartirlo con los demás, nos expondremos a hacerlo mediante los cauces normales y seguiremos envueltos en los actos humanos exteriores.


    Existe una dificultad, casi un conflicto, entre la búsqueda interior y el hecho de quererlo compartir.


    ¿Cómo se puede compartir algo que es interior, algo que no es de este mundo, con otras realidades exteriores y humanas que sí son de este mundo?


    ¿Cómo unificar el interior con la realidad exterior en armonía de forma continuada?


    Cuando queremos compartir desde nuestro interior es muy difícil sostener ese interior en nuestra consciencia cuando recurrimos a las inercias aprendidas de la comunicación humana.


    La necesidad de tenernos que hacer entender con el otro nos hace utilizar los recursos aprendidos para lograrlos, adaptarnos a la mente de una persona concreta, al lenguaje utilizado a escuchar el efecto de nuestro mensaje, a interpretarlo desde uno mismo, todo ello, cuestiones tan exteriores y separadas de la realidad que contemplamos en nuestro interior.


    ¿Cuantas veces diferentes personas que aparentemente discuten puntos de vista, que perciben diferentes, visto por otros parecen defender lo mismo?


    Finalmente podemos concluir que no se puede transmitir la experiencia interior en el exterior y sin embargo esto no tiene porqué ser.


    Para lograrlo, el secreto es no quedarnos en la forma que utilizamos para intentar comunicarnos con el otro, sino mantenernos en la experiencia interna en todo momento.


    Si pudiéramos percibir el estado interior del otro, seguramente no necesitaríamos la palabra para establecer esa comunicación.


    Si seguimos atentos a nuestro interior y nos sostenemos, la forma en que manifestemos ese interior y sus resultados, sus posible juicios o la falta de comprensión por el otro, no nos desconectaría de la experiencia real interior y nos quedaríamos en silencio o buscando otra forma de acompañar al otro.


    No nos apegamos a si nuestra forma es perfecta, si es entendida o no, si obtenemos un feedback favorable o desfavorable.


    Cuando la experiencia interior se manifiesta por sí misma y nos lleva a la cala y a la paz, nada del exterior nos sacará de ese estado si no lo permitimos.


    El lenguaje, la forma de razonar, los conocimientos y los caminos previos pueden generar dificultades de comprensión y escucha, pero al no apegarnos a nada permaneceremos en esa calma permanente que nuestro interior nos ofrece en su presencia.


    El estado interior ha de prevalecer a cualquier resultado en nuestro intento de compartir.


    Con entendimiento o sin él, el sentir interior de uno mismo y el sentirlo en los demás, es responsabilidad de cada ser.


    Si ya hemos acallado a nuestra idea de yo en base a lo aprendido desde fuera y hemos reconocido nuestra realidad interior, sin duda resonaremos con quienes han realizado el mismo proceso.


    Se podría establecer ese vínculo desde el interior más allá de las palabras o los silencios que se produzcan.


    El anhelo de conectar con otros seres humanos que se buscan desde dentro con el deseo de sentir su compañía será preponderante y muy por encima de la forma....

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  • Ser la Verdad
    Dec 25 2025

    Ser la Verdad


    Los seres humanos como organismos biológicos tendríamos que estar perfectamente integrados en el fenómeno de nacer y morir, no debería ser algo tan perturbador la muerte si todo lo que fuésemos fuera producto de nuestro cuerpo biológico.


    El hecho de que nos aterre tanto el desaparecer y comprobar que todo es efímero y queda para el recuerdo es lo que nos produce un desencuentro profundo con la vida.


    Nuestro interior, el lugar desde donde actuamos, pretende encontrar lo perfecto, lo mejor en la vida humana. Pareciera que toda la vida la dedicamos en encontrar un momento y un lugar, donde nos encontremos plenamente presentes e identificados, como un instinto interior de llegar al estado de perfección.


    En nuestra indagación en el interior, separándonos de todo lo que hayamos hecho, es donde podemos llegar a reconocer y percibir la naturaleza permanente de lo que somos. En ese no hacer nada y percibirse interiormente, tal cual somos.


    Podríamos mantener ese reconocimiento de lo permanente en nuestro interior durante toda la vida pero, sin embargo, nuestra forma aprendida de obtener el conocimiento nos llevará a pensar y razonar sobre ello. En ese intento nos alejamos, inevitablemente, de permanecer en el que es.


    Nos resulta muy difícil, porque lo hacemos como un hábito, el emparejar la sensación interior de ser con la idea de ser un ser humano, un yo separado.


    De esta manera, seguiremos enredados en la creencia de necesitar pensar para ser y nuevamente estaremos en el pensamiento.


    Desde la mentalidad humana normal, no podemos acoger lo que nuestro interior es.


    No resultará muy difícil mantener la consciencia interior de ser durante la vida humana porque todo lo que comprendemos y reconocemos lo incorporamos a nuestra idea de yo, al sistema de creencias adquirido, a las memorias y a nuestras acciones.


    No es algo que conseguiremos de un momento a otro porque de manera aprendida todo lo utilizamos en provecho de nuestra idea de yo, dejarlo al margen será el gran reto.


    Si no descubrimos el mecanismo de llevar a la vida humana todo lo que avanzamos no lograremos reconocernos verdaderamente en la realidad interior.


    Para dar los primeros pasos, necesitamos darnos mucho tiempo en nuestras acciones de manera que la atención en el interior no se disipe en el acto mismo.


    Hemos de reconocer que el acto a realizar es un acto humano y mientras transcurre no separarnos de la sensación de ser en el interior, de manera que el acto ni añade, ni quita, a ese ser que somos de forma permanente.


    Podemos analizar el acto a realizar antes de iniciarlo como para repasar el efecto que pueda tener en nuestro interior, de manera que lleguemos a ser conscientes de que antes de hacer hay un ser que decide hacer e inicia el movimiento.


    De esta manera y dándonos tiempo, somos conscientes de iniciar el movimiento desde un ser interior y seguimos siendo conscientes de seguir siendo ese ser interior mientras transcurre el movimiento. Somos conscientes de estar realizando un acto en la realidad efímera y humana que no soy.


    Como desde un juego, desde la dimensión real de uno mismo estamos actuando en una dimensión exterior no real, desde el punto de vista de nuestro interior.


    Ser conscientes de hacer incursiones en la dimensión humana sabiendo que realmente no pertenecemos a esa realidad, solo estamos de paso.

    Por otra parte, según transcurre el movimiento del acto, ya pasó y se une a ese cúmulo de la memoria donde todo es recuerdo.


    Nuestro testigo interior observa como todo lo que ocurre en el movimiento queda atrás mientras el permanece.


    Siendo conscientes de ello, hemos de tener las disposición de recibir cada nuevo acto como una permanencia de nuestro interior y una nueva oportunidad de permanecer conscientes de lo que somos.


    Sabiendo que permanecemos y que todo queda atrás, nos desapegaremos de todo, pues todo pasa y mantendremos la atención en lo que no pasa, nuestro ser interior.


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  • Estar en el mundo sin ser del mundo
    Dec 23 2025

    Estar en el mundo sin ser del mundo


    Si algo caracteriza al ser humano, es el intento de encontrar mientras vive de su propia identidad “fuera” de lo que se percibe como real, en base a los sentidos físicos de que dispone nuestro cuerpo.


    ¿Por qué el ser humano se busca a sí mismo al margen de lo tangible? ¿Por qué no es suficiente el sentirse un ser humano, con un cuerpo humano, con una vida humana?


    ¿Por qué es la muerte, y lo que representa, algo tan inasumible por ese que se busca a sí mismo?


    ¿Qué dimensión, o naturaleza, buscamos incansablemente y que no vemos representarse en la vida humana?


    ¿Cual es la realidad que alcanzan los seres, o maestros, iluminados, que les hace sentirse realizados y radiantes de luz hasta tal punto que parece sobarles y capaces de repartirla a la humanidad entera?


    Esa inevitable tendencia a buscar lo que anhelamos, nos lleva a dedicar gran parte de nuestra vida a buscar lo que es natural para nuestro interior.


    En esa continua búsqueda (de uno mismo), evolucionamos de actividad en actividad alcanzando mayores sensaciones de estar más cerca y que a su vez vemos que nada podemos retener o mantener.


    Es un continuo soltar los logros desvanecidos para seguir el rastro de lo que es verdadero, nunca expresado en el espacio y el tiempo, hasta que contemplamos que ningún logro superará el filtro de nuestra muerte, mientras a su vez reconocemos que la naturaleza de nuestro interior anhela algo que no muere, que no pertenece ni al espacio, ni al tiempo.


    Muchos seres humanos escuchamos ese interior que no se interpreta, ni se percibe en lo que la vida en el cuerpo humano da de sí.


    De esa manera, perseguimos algo en respuesta a nuestra sensación interior de ser, que es netamente interior, pero que seguimos creyendo que podrá ser expresado o reconocido en algo exterior.


    Precisamente eso, es lo que nos vuelca a la dimensión espacio temporal y a la proyección del interior en el exterior, donde todo se expresa de forma reflejada y efímera.


    Algo en nuestro interior, que es uno mismo, no se encuentra reconocido en la vida biológica.


    En esa búsqueda en la dimensión exterior, espacio temporal, construimos una idea de la realidad basada el la percepción del ,mundo biológico, unido al efecto de relacionarnos a través de nuestro cuerpo y al acopio de cultura con la que nos encontramos, junto con toda nuestra elaboración personal en base a todo ello.


    De todo ese cúmulo cambiante y efímero surge un conglomerado a lo que llamamos nuestro yo, nuestra idea de ser, nuestra expresión humana.


    Activamos una mente/pensamiento como el recurso más afinado de procesar y entender la vida y su supuesta realidad, aunque vayamos dando de lado cada uno de sus logros hasta la extenuación y la comprensión que mirando fuera no encontraremos lo que buscamos, sino que es el ser interior que busca la única realidad.


    Nuestro interior impulsa a nuestro espacio mental a ir en la línea de extraer una comprensión de lo real, pretendiendo que ese construyó sea propiamente la realidad capturada y envasada en nuestra mente, mientras realmente nuestra verdad es el observador que activa y sostiene el discurso en la pantalla.


    Nuestro interior, que existe, tiene la imperiosa necesidad de reconocerse en algo y en la práctica, nos empeñamos en que eso que somos sea comprensible.


    Hasta que nos damos cuenta de que un ser no puede verse a sí mismo fuera de uno mismo.


    Solo podemos ser si permanecemos dentro. Jamás una imagen creada de uno mismo en nuestra pantalla mental podrá ser “uno mismo”.


    Nuevamente el ejemplo de mirarse al espejo para verse a uno mismo no permite ser la Gerda que somos. Lo que vemos siempre es una imagen creada.


    El ser real, solo puede ser real, cuando está en sí mismo.


    Bo podemos estar integrados con la Verdad mientras la estemos buscando fuera, máxime, porque la Verdad es la Unidad.


    Cuando reconocemos que somos una realidad en el interior y dejamos de intentar obtener la sensación de realidad fuera de Continúa,...

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  • Viendo la vida desde nuestro interior
    Dec 17 2025

    Viendo la vida desde nuestro interior


    En la indagación interior sobre la vida humana observamos cómo llegan los acontecimientos en base a la existencia del tiempo y el espacio.


    Todo se desarrolla en base a un movimiento y un tiempo en el que transcurre.


    Desde nuestro punto interior de observación podemos contemplar todo lo que cambia, todos los sucesos y que estos pueden combinarse en infinitas posibilidades, algunas de ellas dependientes de uno mismo.


    Durante la noche desaparecemos como consciencia de yo y al amanecer recolectamos desde la quietud de la mañana y nuevamente se desenlazan los acontecimientos de nuestra vida.


    Cada mañana se reactivan todas las cuestiones para cada ser humano y nos absorbemos en las acciones cooperadamente para continuar lo que consideramos la vida real.


    Podemos sentarnos en meditación y percibir cómo todo se pone en marcha, cómo hay como un estado de ánimo global del que solemos formar parte.


    Cuando volvemos de la noche realizamos el acto de incorporarnos a esas acciones cooperadas y este lo solemos hacer de forma automática, como que no solemos reconocer ese estado de desconexión con todo ni permanecer en él.


    En cada amanecer tenemos la oportunidad de observar cómo se produce esa incorporación diaria a la actividad y como nos atrapan las situaciones.


    En esos momentos sentimos nuestra realidad interior al margen de toda la realidad exterior.


    Siempre existe una interrelación entre nuestro interior y el mundo y uno puede realmente decidir cómo será esa interrelación.


    Uno puede incorporarse automáticamente o decidir permanecer centrado en la realidad interior observando el transcurso de los acontecimientos.


    Este es un hecho realmente trascendente.


    Si nos tiramos a una piscina no podemos evitar estar envueltos en la sensación de estar en contacto con el agua. En esta situación es realmente difícil mantener el estado anterior, ya que se trata de una situación envolvente.


    En ese estado necesitamos nadar y luchar para mantenernos a flote.


    La otra forma de pasar a lo cotidiano es no tirarse a la piscina y mantenernos secos de todo lo que es la inmersión en lo humano, lo cual no significa que no hagamos las cosas habituales. Se podrán seguir haciendo desde la no implicación, ya que nuestro interior se mantiene a salvo de forma des afectada.


    Cuanto más tiempo nos demos para estar contemplando lo humano sin “tirarnos a la piscina” más reconoceremos ese estado como nuestro estado real y lograremos mantenernos por más tiempo.


    De esa forma, reconoceremos que antes de hacer nada ya somos y existimos, no necesitaremos hacer, ni obtener un feedback de nuestros actos para ser reales.


    De lo contrario es sumergirme en todo lo que he aprendido que tengo que ser y me combine para tener un estado lo más favorable posible.


    Se puede imaginar el ejemplo de ir a una reunión de personas, estando muy centrados en nuestra realidad interior y a la vez, reconociendo que nos vamos a sumergir en una experiencia de relaciones con los demás, las conversaciones, los juicios, las expectativas y el reconocimiento y valoración en el grupo.


    Podemos observar cómo nos veremos envueltos en un sin fin de reacciones que generarán, unas veces malestar, otras veces bienestar, teniendo la sensación de pérdida de identidad y una gran dependencia.


    Tendremos que dedicar un tiempo para soltar todas las sensaciones y consecuencias de esa interrelación. La idea de tenernos que mostrarnos de un modo u otro, de lo que los demás piensan, etc.


    Sin duda es como haberse tirado a una piscina de agua fría de la que saldremos mojados y con frío.


    Si entramos en meditación podremos repasar todo lo sucedido observando imparcialmente las energías que se mueven, las palabras y pensamientos junto con las sensaciones que recibimos de los demás.


    Será como recuperar la sensación interior de ser frente los efectos que v


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  • De la idea de yo al Ser
    Dec 17 2025

    De la idea de yo al Ser


    Si practicamos con regularidad la meditación profunda nos estamos acercando a la realidad interior de manera que cada vez nos sentimos más reconocidos en ella.


    Generalmente nos produce bienestar y un restablecimiento de la calma y recurrimos a ella cada vez que sentimos necesitarla.


    Llega un momento en que querremos asumir nuestra realidad interior como una realidad permanente y completa y no solo como una forma de vivir mejor.


    Queramos o no, la vida humana nos va a seguir demandando respuestas y seguiremos siendo capturados por ella, reconectando una y otra vez con la “idea de yo” desarrollada durante la vida.


    Nos volvemos expertos en entrar dentro y recuperar una y otra vez la sensación de ser verdad dentro y pondremos cada vez más fuerza en la intención de no salirnos de ese ser interior que somos.


    Si reflexionamos sobre ese proceso de conectarnos interiormente para luego volver a lo cotidiano tendremos que reconocer que todo lo que intentamos está al servicio de nuestra vida humana y nuestro yo humano. Ese yo tan limitado y condicionado por los acontecimientos de la vida.


    Realmente es difícil que hagamos algo diferente, usar la meditación como apoyo a nuestra vida humana.


    Eso demuestra que estamos enfocados en lo que para el ser humano que somos, nos es de utilidad o nos trae beneficio. Ya sea para uno mismo o para cumplir con la vocación de ayuda y servicio a los demás.


    Nuestro foco centrar sigue instalado en la idea de yo y vivimos para las necesidades del mismo.


    Si finalmente, queremos profundizar más y acercarnos a nuestro ser real, que se escapa a nuestro control, hemos de detectar desde donde y para qué surgen nuestras acciones y cual es la motivación.


    Si decidimos llegar a lo que es real más allá de lo humano tendremos que preguntarme:


    ¿Estoy reconociendo que el interior es realmente lo que existe? ¿Me estoy reconociendo como realidad en ese interior sin más motivación que ese interior? ¿Soy capaz de sostener en todo momento ese reconocernos interiormente al margen de la idea de yo humana?


    Ya habremos asimilado que todo lo humano es efímero y pasa, pero ¿realmente me he desapegado de eso que pasa para únicamente reconocer lo real en el interior aunque siga siendo un ser humano?


    Millones de seres humanos ya pasaron y gran parte de nuestra vida ya paso, ¿es eso real, algo que deja de existir?


    Estas cuestiones no pueden tratarse con el estado cotidiano de nuestra mente y nuestro conocimiento.


    Son cuestiones que han de llevarse a la reflexión cuando estamos en profunda meditación, en contacto más cercano con nuestro ser real, para dejarnos sentir, ¿quien soy yo? ¿Qué es real?


    ¿Estoy reconociendo que es real ese ser que observa desde dentro y desde el que inicio todas mis acciones, principalmente las conscientes?


    ¿Estoy experimentando mi existir desde ese interior que observa, o por el contrario, es mi idea de yo la que interpreta lo real?


    Si seguimos contemplando como lo real a esa idea de yo, nuestra sensación de ser interior seguirá siendo utilizada como un apoyo a esa idea de yo, pero no alcanzaremos un mayor reconocimiento de la Verdad.


    Se puede decir que si vivimos bajo la idea de yo como identidad, no estaremos viviendo una vida real, ya que lo único real y permanente es el que observa desde dentro.


    Si queremos ser la verdad y tener una vida desde la verdad, es necesario que reflexionemos mucho sobre esta cuestión, si servimos a nuestra realidad interior o si por el contrario seguimos viviendo para apoyar la idea de yo generada circunstancialmente por lo humano.


    De poco sirve tener el conocimiento y la comprensión si sigo dando el poder a algo efímero de manera que todo gira para darle satisfacción.


    Para ello tenemos que mantener un “no hacer” absoluto cuando nos acercamos a la verdad interior que somos, no llevarlo a un pensamiento de “ya se” ni utilizarlo en ningún modo. Reconocer que es el centro de lo real y darle la atención y la importancia que req

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